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13/06 | YO QUIERO A MI PAIS

Caminito: la Argentina de exportación

La Boca parece una postal sacada de otros tiempos, con su prosapia de barrio arrabalero. Dentro de ella, la calle Caminito ha sido recuperada como atractivo turístico para nacionales y extranjeros.

Se escuchan tantas lenguas casi como en la Torre de Babel. Los juegos de colores de las paredes estallan en una frenética psicodelia. Una orquesta callejera ensaya algunos acordes mientras decenas de vendedores callejeros ofrecen todo tipo de souvenirs. No es una calle de San Francisco, sino el corazón de todos los mitos de la Argentina urbana e inmigrante. Estamos en La Boca. Estamos en Caminito.

 

Caminito atrae todo el turismo extranjero que llega a Buenos Aires.

Caminito es una calle de una cuadra sola que atraviesa una manzana en diagonal. Pero sintetiza en ella a un país entero. Y mientras los historiadores aún discuten si la primera fundación porteña ocurrió allí, desde un balcón saludan –eternamente ajenos a cualquier discusión histórica- Evita, el Diego y Gardel y una pareja de jóvenes y bellos danzarines bailan un tango en la puerta de un restaurante típico.

 

 

 

La Boca. En este pedazo de tierra -que supo independizarse por unas horas de la Argentina agroexportadora del general Roca y se declaró república autónoma- viven los grandes mitos nacionales. Y no ahorran sonrisas mientras saludan a la multitud de turistas desde sus balcones.

 

Comer en La Boca no es ni más caro ni más barato que en cualquier barrio de Buenos Aires. La Parrilla “La Herrería”, por ejemplo, de la calle Magallanes al 1000 ofrece un bife de chorizo con guarnición a $ 40, empanadas por $ 6 y pizza (8 porciones) de masa casera a la parrilla por un promedio de $ 50. El vino de la casa se vende a $ 30 y un almendrado sale $ 12. Mientras el folleto aclara que no se cobra cubierto, el visitante descubrirá que el precio no es excesivo porque combina los maravillosos gustos de la cocina argentina con los deleites de la música ciudadana tocada en vivo. Y si el día o la noche están lindos, todo ello sucede en la calle.

 

En Caminito y en La Boca toda se respira tango. Claro que su versión arrabalera ha dado paso a otra más pensada para los cientos de turistas que pueblan las mesas de restaurantes y cafés. Pero la esencia y la fascinación siguen siendo las mismas.

 

En La Boca, en Caminito y en ese meandro caprichoso del Riachuelo que es la Vuelta de Rocha se erige como una presencia absoluta el pincel del artista plástico más famoso de Buenos Aires: Benito Quinquela Martín. El marrón del río le pertenece, así como los colores estridentes de los conventillos de chapa y el negro total del puente de hierro. El azul y el amarillo, sin embargo, son de los xeneixes (“genoveses” en dialecto) que poblaron esa zona a fines del siglo XIX en medio de oleadas de inmigrantes. A sólo cuatro cuadras de allí, y como testimonio de todas las pasiones, se yergue el templo del fútbol argentino –y tal vez, mundial-: la Bombonera.

La Vuelta de Rocha muestra un Riachuelo manso. Cuesta imaginar su pasado de ajetreado puerto.

 

 

La obra de Quinquela Martín es La Boca misma. Pero varios de sus trazos se pueden ver en sus paredes cotidianas, como esta recreación de su cuadro “Regreso de la pesca” realizada en cerámica por el artista Ricardo Sánchez.

Caminito y La Boca tienen mucho para ofrecer. Desde un doble de Maradona que cobra por sus fotos a los turistas, hasta un centro cultural instalado en un viejo conventillo de paredes de chapa.  Tiene también un museo de cera; negocios que venden camisetas de Boca Juniors y todo tipo de souvenirs; una feria de artesanos muy interesante; casas de colores; colores de Quinquela, buenos restaurantes, tango, alfajores… Pero por sobre todas las cosas, Caminito y la Boca brindan algo intangible pero omnipresente: el espíritu argentino. Tanto para los nacionales como para los extranjeros que lo van a buscar ávidamente. Si visita la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y hace mucho que no se da una vueltita por allí, no se lo pierda. No se va a arrepentir.

 

 

Los colores de negocios, restaurantes y cafés de Caminito estimulan los sentidos y predisponen al visitante al disfrute.  

 

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¿Sabía que el Museo Municipal “Dámaso Arce” de Olavarría alberga obras de Quinquela Martín que fueron obsequiadas al gran orfebre de nuestra ciudad en virtud a la amistad que unía a ambos artistas? A través de ellas, un pedazo de La Boca vive con nosotros.

 

 

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