08/03 |
UN TEXTO EXCLUSIVO infoeme.com. 8 DE MARZO, DIA DE LA MUJER
Queremos igualdad, no queremos rosas?
En el Día Internacional de la Mujer, un texto exclusivo de una comunicadora local especializada en cuestiones de género. Las luchas históricas y las actuales. Lo mundial, lo local y la ausencia de políticas para el problema específico del sexo en su relación con la sociedad. El rol de la mujer y las trampas que se le imponen en una sociedad que sigue postulando la supremacía masculina.
La autora del trabajo, docente e investigadora de Ciencias Sociales.
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Patricia Pérez, comunicadora social (*) / Para infoeme.com
Comencemos por lo más básico: el 8 de marzo es un día de conmemoración y de lucha pero no es un día de festejos. ?Qué se conmemora? En su versión más extendida, el 8 de marzo se relaciona habitualmente con una huelga sucedida en 1908 protagonizada por obreras textiles neoyorkinas.
Las mujeres trabajadoras tomaron? la fábrica en la que desarrollaban sus tareas reclamando a sus empleadores mejores condiciones laborales. La respuesta no se hizo esperar: fueron encerradas en la fábrica por sus patrones, quienes, a su vez, incendiaron el predio. 129 mujeres murieron carbonizadas.
Fue en el a?o 1910. En memoria de aquel violento episodio, la militante socialista alemana Clara Zetkin (1857-1933) propuso en la II Conferencia de Mujeres Socialistas conmemorar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.
En la actualidad, existen controversias en relación a ese momento fundante?. Los trabajos de investigación de muchas historiadoras han aportado otras pistas que explicitan causas y fechas diferentes para dar inicio a este día. Sobre todo, toman en consideración la complejidad social propia de comienzos del siglo XX que originó la presencia de mujeres que bregaban, entre otras cosas, por el sufragio y por la plena igualdad de los derechos.
Recién a mediados de los a?os ?70, la ONU consagrará al 8 de marzo "para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer" (www.un.org). Y en Argentina, sólo después de la peor de las dictaduras tomará cuerpo la conmemoración encabezada por mujeres enroladas en diferentes organizaciones sociales, en sindicatos, en partidos políticos y, por supuesto, feministas.
Más allá de estas disquisiciones, indudablemente, este día está relacionado -y hay acuerdo en esto- con situaciones desiguales vivenciadas por mujeres luchadoras.
La explotación femenina se basa en la desvalorización del trabajo de la mujer.
Y, en verdad, no es un día de festejos. Es un día para recordar a aquellas mujeres que lucharon por lograr una sociedad más justa y para dejar de ser consideradas definitivamente como el segundo sexo?.
?Por qué se lucha? Son innumerables las causas. Hagamos un breve paneo.
Si bien en la actualidad la sociedad ha variado considerablemente desde aquellos inicios se?alados más arriba todavía queda mucho por hacer. Sucede que la condición de género impide a la mujeres realizarse como ciudadanas plenas: la concepción actual de ciudadanía se ha forjado teniendo en cuenta la supremacía masculina, relegando a las mujeres a lo espacios domésticos (las tareas hogare?as y el cuidado de los hijos/as).
Este hecho ha traído innumerables consecuencias dado que en algunos aspectos las mujeres estamos ubicadas en posiciones desiguales respecto de los hombres.
Históricamente, la esfera pública fue un lugar de desarrollo para los hombres y sus intereses (incluyendo a los partidos políticos), en tanto que a las mujeres les correspondió su contraparte privada, hogare?a. Una contraparte de trabajo invisible por ser concebido como natural: los quehaceres domésticos y el cuidado de los hijos/as. El trabajo del hogar, en muchas ocasiones está desvalorizado, no se retribuye y no es mayoritariamente compartido.
Tampoco podemos decidir libremente sobre nuestros propios cuerpos. Aún a sabiendas de que en Argentina se practican anualmente cerca de medio millón de abortos clandestinos y muchos de ellos sin condiciones de asepsia, existen impedimentos para dar un debate serio en nombre de una moral y de una religión hegemónica no compartida por todos /as.
Por suerte, en este campo hay algunos indicios ?sólo eso- que marcarían un cambio de rumbo. La ley de salud sexual y reproductiva -un logro al fin- es innovadora en la letra, pero presenta escollos enormes a la hora de ponerla en práctica, sobre todo desde los sectores más conservadores de la sociedad, que siguen arrogándose el derecho de inmiscuirse en los cuerpos femeninos.
Recientemente, ante la penosa violación que sufrió una menor (por parte de su padrastro) en la ciudad de Mar del Plata, la Cámara Civil de esa ciudad, planteó con sobrados argumentos que cualquier mujer violada, no solo las que tengan una discapacidad mental, tienen derecho a un aborto?. Son también mujeres, las que desde todo el país impulsan la Campa?a Nacional por el Derecho al Aborto. ?Y por qué es importante legalizar el aborto? Simplemente, porque cuando se practica clandestinamente, mata. Aún así, hay mucho camino ripioso por recorrer. En nuestra ciudad, del tema parece no hablarse.
Otro ejemplo clave podríamos encontrarlo en lo que se refiere a la política partidaria. Nuestra participación equitativa en lo político (minoritaria de por cierto) no se dio naturalmente?: tuvo que ser sancionada por ley para llegar a ser efectiva. Así, los cupos de participación femenina a nivel de partidos políticos, instituciones públicas y sindicatos fueron conseguidos por ley.
Esta ley, permitió ampliar el acceso de las mujeres a los cuerpos legislativos y modificar su composición en términos de sexo. El Honorable Concejo Deliberante de Olavarría, está conformado por once hombres y por nueve mujeres. Así, el 45% de las bancas están ocupadas por mujeres. De todos modos y a nivel general, en muchas oportunidades, la discusión parlamentaria que las mujeres pueden llevar adelante desde sus respectivas bancas en sus ámbitos de labor, no responden necesariamente a los intereses del colectivo de mujeres, sino que responden a la lógica política del partido al que representan.
Obviamente hay cambios dentro de esta concepción tan tradicional de la manera de hacer política: han aparecido con el tiempo grupos informales que se involucran con lo cotidiano y que necesariamente no están circunscriptos a la política partidaria. Reconocer que se hace política? cuando se reclama por algo que creemos justo, es otra cosa.
Mujer pobre?: un doble problema
En relación a los derechos económicos, las mujeres son las que están sometidas con mayor crudeza a condiciones materiales desventajosas. Esta situación se agrava aún más en épocas de crisis, e incluso algunas autoras han construido el concepto de feminización de la pobreza?, para hacer referencia a las mujeres que -en algunos casos- ejecutan hasta una doble y/o triple jornada laboral.
Son las mismas mujeres pobres/excluidas las que deben resolver su propia condición de pobreza: son, en muchas ocasiones- las encargadas de gestionar su propia salvación? individual y social, puesto que son pensadas como llaves de entrada en las familias y en los barrios.
Sobre todo, cuando se conoce que son las mujeres las que tienen un rol central en las estrategias de supervivencia de esas familias de escasos ingresos. Para nuestra ciudad, los datos son contundentes: sobre poco más de 1500 empadronados actuales en el denominado Plan jefes y Jefas de Hogar Desocupados (en plena transición hacia el Programa Familias por la Inclusión Social) apenas poco más de 250 son hombres. Saque Ud. mismo los porcentajes.
Queda mucho por decir -imposible de analizar en este espacio- y mucho más por hacer. No sabemos si alcanza con lo expresado, pero valga la redundancia: no parece existir motivo alguno para festejar. Queremos igualdad, no queremos rosas.
(*)Patricia Pérez es licenciada en comunicación social y docente de la carrera de Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales. Ha integrado equipos de comunicadores y antropólogos especializados en problemas de género. Trabaja con investigadoras nacionales que abordan el problema del control social sobre la mujer y la explotación económica y política de su condición.