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05/03 | ANÁLISIS EXCLUSIVO

Detener por las dudas: el dilema

Un caso de violencia de género como disparador para el debate. La justicia dejó libre a un hombre acusado de quemar con ácido a su ex mujer por ser un delito excarcelable. La solución sería modificar el código.

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Mauro Szeta, especial para Infoeme

Hay decisiones judiciales que son legales, jurídicas pero duelen, molestan. En los últimos días un juez de Avellaneda le dio la libertad a un hombre acusado de quemar con ácido a su ex mujer.

El argumento legal es que se trataba de delitos excarcelables, lesiones y daño, lo cual es cierto. Para colmo el acusado tenía otras dos causas en trámite, una por robo y otra por drogas.

Pero también es cierto que no estaba condenado, que legalmente seguía siendo inocente y que ninguna de esas dos causas impedía que le dieran la libertad.

El juez, Luis Carzoglio, se ajustó a derecho y dejó al atacante, Edgardo Antilla en libertad. Es cierto que ordenó distintas medidas de restricción, como por ejemplo presentarse todos los días en el Juzgado y no acercarse a la mujer.

El caso suma un dato todavía más inquietante. Después del episodio ella, Mirta Monzón habría dicho que quería arreglarse con su marido y que estaba dispuesta a perdonar.

Lo concreto es que el hombre fue liberado de manera legal. Sería casi ilegal haberlo dejado preso por delitos excarcelables, con el argumento de tenerlo entre las rejas para evitar un mal mayor que sería el posible homicidio de su mujer. No se puede detener a la gente por delitos que no cometieron, es decir, no se puede apresar a alguien por las dudas que vaya a matar.

Otros jueces encontraron un argumento legal paralelo para dejar presos a posibles asesinos de mujeres a pesar de que sólo estaban imputados técnicamente por delitos como amenazas.

Esos funcionarios judiciales que detuvieron por las dudas recibieron durísimas advertencias de sus superiores que terminaron dejando en la calle a los acusados.

Para evitar todo este juego de interpretaciones e internas judiciales, la solución sería más sencilla: modificar el código. Es decir, hombre que amenaza o daña a su mujer va preso, y no se jode. La discusión así, no existiría.



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Columna de Opinion / Mauro Szeta
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